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Lecciones que aprendí en el lab para planificarme

El otro día, durante en el espacio de coworking virtual al que me suelo unir, discutimos un poco sobre cómo planeamos nuestras tareas. Una compañera hablada de su tendencia a sobrestimar lo que es capaz de hacer en bloques de 30 minutos y se preguntaba si el resto tendíamos a hacer lo mismo.

Me resonó mucho su pregunta y acabamos compartiendo parte de mi experiencia en los comienzos del lab. Me pareció interesante los puntos que abordamos y me gustaría compartirlos contigo, por si puedo ayudarte en tu planificación.

Los comienzos

Cuando empecé en el lab, “mi pre-doc” (estudiante predoctoral al que le ha caído el marrón de que tiene que enseñarte los entresijos del oficio) tenía sobre su mesa una viñeta ilustrada sobre cómo calcular lo que te va a llevar un experimento nuevo.

No he podido encontrar el cómic original, pero venía a decir algo tal que:

  • Estima cuánto tiempo te va a llevar.
  • Multiplícalo por dos.
  • Calcúlalo en la siguiente unidad de tiempo.

Por ejemplo, y exagerando un montón, si calculas que un experimento puede llevarte alrededor de una hora, multiplícalo por dos (2 horas) y escálalo a la siguiente unida de tiempo (2 días).

Insisto, es exagerar un montón, pero detrás esconde una verdad muy verdadera.

"Arcane Lab Equipment"

De bruces con la realidad.

Entendamos un experimento como una receta de cocina. Cuando tienes que enfrentarte a una receta por primera vez, todo sobre el papel es sencillo y claro. Pero no estamos teniendo en cuenta algo muy importante:

Estás lidiando con lo desconocido.

Y a nuestro cerebro eso no suele dársele bien

No voy a ahondar en el por qué, pero por norma no solemos manejar bien lo que no conocemos. Nos es extremadamente sencillo tender a sobrestimar lo que somos capaces de hacer sin tener en cuenta que es la primera vez que nos estamos enfrentando a algo. Y si no, dime si algo de todo esto no te resulta familiar:

  • “Mierda, he pesado mal los ingredientes y no tengo suficiente”.
  • “La mantequilla tiene que estar a temperatura ambiente, pero no avisaba que había que sacarla de la nevera al principio de la receta”.
  • “Yo esto no lo sé cortar tan pro y me está llevando la vida”.
  • “La receta dice pimiento rojo y sólo tengo verde. ¿Lo uso? ¿No lo uso? (Inicio un debate existencial en el que no sé qué debería hacer).

Traducido al idioma friki-lab:

  • “Creo que se nos ha acabado la DNAsa, vamos a tener que pedir más”.
  • “Mierda, los reactivos tienen que calentarse a 99 ºC y el thermoblock tarda 30 minutos en alcanzar esa temperatura”.
  • “Yo no puedo pipetear tan rápido”.
  • “Esto pide agua miliQ y sólo tengo agua destilada, ¿valdrá? ¿no valdrá? ¿Qué era lo que hacía al agua miliQ más pura? (debate existencial sobre qué tipo de filtros se usan para hacer agua miliQ).

Bromas a parte. Pero me dirás que estos fails no son la mar de comunes y suelen ralentizarte un montón.

"Arcane lab equipment, part 3"

Lecciones que aprendí.

Cuando comienzas a conocer a lo que te enfrentas, puedes tener una idea más aproximada de lo que tienes entre manos y por tanto, cuánto sueles invertir en ello.

Sin embargo, seguimos obviando una parte importante: los imprevistos.

Como les comentaba al resto de mis compañeros, hace dos años tuve que aprender esta lección por las malas. Era una época de muchísimo trabajo, pero sabía bien lo que me traía entre manos. Había sugerido fechas de entrega bastante ajustadas y uno de los aparatos que necesitaba para procesar los datos decidió dejar de funcionar sin previo aviso. El servicio técnico se demoraría varias semanas en arreglarlo. Imagínate el bajón avisando a los colaboradores que sus datos iban a tardar más de lo previsto y el estrés viendo cómo seguían llegando proyectos -algunos urgentes- y no poder hacerte cargo de ellos.

A día de hoy, sigo tendiendo la misma tendencia, pero tampoco quiero vérmelas como hace dos años. ¿Qué hago para evitarlo? Mis fechas de entrega suelen ser el doble de lo que podría tardar en condiciones óptimas. Si llego primero, la otra parte está más feliz y si no, evito colapsos innecesarios.

Intento poner en práctica esto mismo en mi vida diaria. Procuro no atorar mis días con un millón de cosas por hacer ni sobre cargar mis semanas con muchos proyectos o actividades. Así siento que no “me ahogo” y puedo disfrutar más de todo lo que hago.


No sé si a ti te suele pasar lo mismo, si tiendes a pensar que eres capaz de hacer más de lo que realmente puedes. ¿Será algo común? ¿Será sólo cuestión de unos pocos frikis locos de la planificación?

Sea como fuere, espero que este pequeño testimonio te sirva para tenerlo en cuenta a la hora de organizar tus super días y alcanzar el nirvana de la productividad.

¿Tienes alguna otra recomendación que hacerme a parte de tener en cuenta posibles imprevistos? Déjame un comentario y me lo apunto para poner en práctica el tip.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. amvelandia

    Gracias, gracias, gracias!! Conocía lo del multiplicar por dos, pero no lo de escalar de unidad de tiempo, y me parece suuuuuper útil, así que me lo anoto, que aún no he alcanzado el dominio de la planificación y los imprevistos 😉

    1. ¡Qué bien que te haya gustado! Me alegro mucho. Que conste que yo tampoco he alcanzado el dominio de la planificación; es una tendencia muy potenta la de querer hacer mucho en poco tiempo. Pero puedo decir que en el trabajo no lo hago del todo mal 😉 A ver qué tal te a a ti. ¡Un besín!

  2. petiteblasa

    En el trabajo no noto que mi productividad haya bajado y suelo ser capaz de sacar las tareas adelante sin mayor problema. Pero en lo personal (tareas de casa, recados, el blog) noté un bajón tremendo en el primer confinamiento y todavía no he recuperado del todo. Tardo MUCHÍSIMO tiempo en hacer la tarea más sencilla del mundo. Me noto lenta, me distraigo, empiezo cinco cosas a la vez y no termino ninguna… Diría que es un problema de dispersión, pero quién sabe. Para no agobiarme, intento pensar “Hago lo que me dé tiempo, y eso estará bien”. Así que resumiendo, no tengo ningún truco para ser más productiva, sólo para no martirizarme demasiado por no serlo. ¡Me han gustado tus consejos!

    1. Uy, todo lo que has mencionado me ha resonado un montón. Yo achacaba ese problema de dispersión a la “fatiga pandémica”, pero lo observaré más de cerca. Lo que sí me llama la atención es que lo hubieras notado tanto. Yo diría que el blog tuvo un empujón muy grande (y muy bonito) durante la pandemia. ¿Quizás tendemos a martirizarnos más de la cuenta? Bravo por que tú le pongas remedio 😉

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