Ejercicio y salud: mi experiencia personal

Ejercicio y salud: mi experiencia personal

Esta entrada fue publicada anteriormente, pero creo que puede ser bueno volver a traerla a la mente. Si durante estos meses de confinamiento hemos perdido el hábito, este es un buen recordatorio para volver a ponerse las pilas.

Los inicios

Pongámonos un poco en contexto. Salvo una determinada época de mi vida, siempre he sido una chica más o menos delgadita y que no ha practicado mucho ejercicio, más allá del deporte que hice en el cole/instituto por el mero hecho de aprender a jugar en equipo.

Durante los 20 tuve un par de lesiones que me obligaron a ir al gimnasio a hacer rehabilitación. Y odié el gimnasio. Con todas mis fuerzas. De verdad que era un ambiente que me hacía sentirme pequeñita e imperfecta.

Me colgué además el cartel de patosa y poco deportista. Recalco esto: me colgué yo esos adjetivos. Mi mente me hizo pensar que yo era de una manera determinada, que en este caso jugaba en mi contra. Eso, unido a que era bastante delgadita, me hizo pensar que no necesitaba hacer mucho más para mantenerme “en forma”.

Los errores de base

Durante años, asocié la idea de que hacer ejercicio físico era un simple vehículo para perder peso y lucir palmito. ERROR.

El ejercicio es mucho más que perder grasa. De hecho, a poco que rebusques, podrás comprobar los múltiples beneficios que éste puede aportarte, tanto a nivel físico, como mental y en distintos estratos de edades.

El impacto de la actividad física sobre el rendimiento cognitivo fue algo que un par de profesores mencionaron durante el máster y el doctorado. De alguna manera me hizo resonancia y se me quedó como un runrún en la cabeza. Así que cuando mi amiga Cris, en marzo de 2018 me dijo que quería apuntarse al gimnasio, que si quería ir con ella, le dije que sí de inmediato

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El gimnasio: pasé de aborrecerlo a cogerle el gusto

Durante un año y medio estuvimos yendo al gimnasio de forma más o menos regular, con algunas temporadas más erráticas que otras. Durante todo ese tiempo, ir al gimnasio era porque tenía que ir, no porque quisiera ir. Y lo único que ayudó relativamente a que lo consiguiera fue ir o bien con mi amiga o bien a alguna clase colectiva que más o menos disfrutaba.

El cambio profundo

El año pasado en general mi estado de salud fue bastante mediocre y comencé a tener dolores de espalda a causa de mucho estrés en el trabajo. Recuerdo que en uno de los puntos álgidos tuve que quedarme en casa un día entero por mareos. Y todo por mi espalda, que estaba destrozada.

Acudí a un fisioterapeuta y me recomendó que empezase un programa de entrenamiento dirigido por un profesional para fortalecer los músculos de la espalda. Me dijo que sin una musculatura fuerte, no podía sujetar bien mi espalda y por eso estaba dolorida con frecuencia.

No es que me dijera nada nuevo, pero en ese momento, algo hizo clic en mi cabeza. “¿34 años y ni siquiera tengo suficiente musculatura para sujetarme?” ¿Cómo pensaba hacerme cargo de mí misma el día de mañana? ¿Y si tenía una familia? ¿Iba a tener que renunciar a coger a mis niños en brazos? ¿Iba a poder cuidar de mis mayores cuando llegase el momento? ¿Iba a tener que depender yo de alguien de forma prematura? Pues no suena bien, ¿no?

Sencillamente, no estaba dispuesta a renunciar a mí misma. Y, por otra parte, soy una cagona y la idea de pasarme la vida con dolores no era nada apetecible. Así que decidí seguir los consejos de mi fisioterapeuta.

El antes y el después

Una vez decidido que iba a invertir en mi salud y en mi futuro, tenía bastante claro que, para poder expresar perfectamente lo que necesitaba y tener buena comunicación, el formato online se iba a adecuar mucho a mis necesidades. Así que acudí a Jose.

Seguía su trabajo de divulgación en IG desde hacía ya un tiempo y me gustaba mucho su claridad y su contundencia basándose siempre en ciencia, pero con la suficiente honestidad para evolucionar y, si hiciera falta, desdecirse si los últimos estudios así lo demostraban.

En una primera charla, le conté un poco a Jose cuáles eran mis objetivos o mis preocupaciones y, tras eso, la estrategia ha sido seguir un entrenamiento de fuerza de dos a tres veces por semana (tres mínimo… pero soy un poco vagoneta, jajajaja).

Han pasado ya 6 meses y qué puedo decir: ¡estoy contentísima! De lo que más contenta estoy es de que, aunque al principio me costó ser constante, ahora tengo muy interiorizada mi rutina y apenas pongo resistencia. No es que haya tenido un cambio físico notable, que siempre es un plus para motivarse a seguir, pero sé que estoy invirtiendo en mi “hucha física” para el día de mañana.

¿Sabías que el entrenamiento de fuerza ayuda a retrasar la aparición de osteoporosis o incluso mejorar la densidad osea una vez ha aparecido (estudio, estudio)? POR EJEMPLO.

Otro punto a favor: durante estos meses mi programa de ejercicio ha cambiado un par de veces y eso me ha ayudado también a no perder la motivación. Pero lo que más, más, más me ha sorprendido es la cantidad de veces que utilizo en mi vida cotidiana los patrones de movimiento que he aprendido y que ahora me salen naturales, por ejemplo: sentadilla para recoger papeles del suelo o peso muerto para levantar alguna caja en el laboratorio. ¿Y sabéis quién tiene dolores de espalda? La menda no 😀

Que no quede por decir que el trato con Jose siempre ha sido in-me-jo-ra-ble: la manera de explicarme todas mis dudas, de darme feedback, de corregirme cuando aprendo nuevos movimientos, de motivarme… No puedo más que recomendaros que, si estáis pensando en invertir como yo en vuestra salud, acudáis a él que no os vais a arrepentir.

Continuará

Tengo claro clarinete que el ejercicio será una parte importante de mi vida a partir de ahora. Además, procuro mantenerme activa todo lo posible: voy andando al trabajo, evito ascensores y procuro moverme al máximo. Todo suma.

Y espero que, de alguna manera, pueda haberte animado a empezar a invertir en ti mismo para tener no sólo un cuerpo bonito, sino un cuerpo funcional que te permita disfrutar las pequeñas grandes cosas durante muchos años.

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