Cómo ser un buen compañero de fatigas

Cómo ser un buen compañero de fatigas

Desde el confinamiento necesario durante la #pandemiolocura, hemos demostrado que somos capaces de arrimar el hombro y hacer lo que se nos pide a causa de un bien mayor y común. Siempre hay algunas excepciones, pero creo que hemos demostrado de lo que somos capaces.

Hace semanas que vengo hablando en la newsletter acerca de los grandes logros que podemos conseguir, pero también de cómo podemos empezar pequeño. Porque no se trata de dar un paso de gigante, si no de pequeños pasos, uno tras de otro.

Aunque te pueda parecer incoherente, uno de estos pequeños pasos es el poder apoyarnos en otros. Admitir que necesitamos ayuda o que no estamos en nuestro mejor momento, no es signo de debilidad, si no de valentía. Porque para poder estar bien con el resto, debemos empezar por uno mismo.

Sin embargo, de lo que me gustaría hablarte es precisamente de la otra perspectiva: del compañero de fatigas.

Accountability partner

Escuché este término hace relativamente poco. Según Wikipedia, un accountability partner es aquella persona que anima y ayuda a otra persona a que cumpla con sus objetivos.

Te puedes imaginar que en la era del couching, esta figura está más que explotada económicamente. No quiero decir que existan verdaderos profesionales a los que acudir en caso de necesidad. Todo lo contrario.

Pero a veces tenemos objetivos un poco más pequeños o personales, como entrenar X veces por semana, comer más saludable o conseguir ir a la cama más temprano, con los que pueden faltarnos las fuerzas o motivación. Y encontrar en tu entorno de confianza un compañero de fatigas con quien puedas contar para que te de un empujón puede ser un plus.

Te cuento cuáles son, bajo mi punto de vista (y totalmente subjetivo) cuáles creo que son las cualidades de un buen accountability partner para que puedas serlo tú mismo o para cuando necesites encontrar a alguien en tu círculo de contactos.

Cualidades a tener en cuenta.

Sobre todo cuando queremos comprometernos con un nuevo hábito, es muy probable que tu cabeza te cuente mil y una historias más que convincentes para saltarte tu objetivo a la torera.

Cuando no los cumples, lo importante es volver a ellos. No machacarse contándote historias de «qué desastre soy» o «no sé ni para qué lo intento«. Desde el otro lado, como persona de apoyo, debes hacer lo mismo: no juzgar a la razón de los resultados.

Un buen compañero de fatigas es empático. Muchas veces hay un motivo oculto o un miedo irracional que nos frena o nos aleja de nuestras metas. Interésate por ahondar ahí. Quizás a la persona que estés apoyando ni si quiera se dé cuenta, pero le harás pensar en sus motivos.

Muy relacionado con los dos puntos anteriores, un compañero de apoyo no agobia. Es decir, está bien que tenga cierto control, para no dar la sensación de que se ha olvidado de ti, pero tampoco tiene que ser un policía teniente. Qué mejor que un ejemplo: para mí hay una clara diferencia entre:

¿Por qué no te has ido hoy a entrenar? ¿No decías que hoy te tocaba?

He notado que hoy no has ido a entrenar. ¿Estás bien? ¿Necesitas un empujón?

¿Cuál de las dos opciones crees que sería la que más pueda alentar? Yo no tengo ninguna duda.


Espero que estas recomendaciones te hayan parecido interesantes. Te vuelvo a recordar que están basadas únicamente en mi experiencia personal y opinión subjetiva. Si tienes alguna experiencia trabajando con expertos profesionales, déjame un comentario y cuéntame qué te ha parecido. Me encantará conocer tu opinión.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. petiteblasa

    La verdad es que nunca he recurrido a un profesional en este ámbito, pero una de mis amigas y yo nos apoyamos cuando tratamos de comer mejor y hacer algo de ejercicio. El hecho de estar las dos en la misma situación nos pone muy fácil el empatizar. Por ejemplo, entiendo perfectamente cuando a ella le resulta difícil ceñirse a la dieta en ciertos momentos (¡hola, spm!) porque a mí también me sucede. Lo mejor es alegrarse por los éxitos del otro y ver que él se alegra por los tuyos. Lo ideal, bajo mi punto de vista, es tener ese puntito de presión de saber que hay alguien esperando algo de ti, pero al mismo tiempo tener la certerza de que, si «fallas», no sentirá decepción o desprecio. Vamos, que yo también me quedo con la segunda de tus frases, sin duda. ¡Un besote!

    1. Yo tampoco he recurrido a profesionales de este tipo. Supe hace poco de su existencia a través de una conocida, pero yo, nada de nada. Hasta ahora me apoyaba mucho en amigas, por ejemplo para hacer deporte juntas, y nos funciona bastante bien. Salvo cuando entramos en alguna etapa de autodestrucción de pereza y ahí no hay presión que valga 🙂
      Gracias por tu comentario. ¡Un besín!

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