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“Papá, si en casa sólo cocinan las mujeres, ¿por qué los chefs son hombres?”

Miniyo durante una cena cualquiera.

Recuerdo perfectamente que con 7 u 8 años, durante una cena cualquiera, viendo las noticias, le planteaba a mi padre esta pregunta.

Poco tiempo después, en el portal de casa, le cedí entrar primero a un niño de mi edificio y me reprimieron, entre risas, porque “es el hombre el que siempre ha de abrirle la puerta a una mujer”.

Me extrañaba ver que los chicos en el patio podían jugar con nosotras -según a qué cosas- pero al fútbol no, “que las niñas no saben”.

Y aprendes esas cosas, creces con ellas y vives esos aprendizajes como algo normal.

Hasta que empiezas a crecer y vuelven a aparecer las mismas preguntas que hacías de pequeña durante una cena cualquiera, pero se le suma una punzada en el estómago.

Como cuando no ves el cuadro de una sola decana en las paredes de tu facultad.

Cuando observas que mujeres en puestos importantes del área no llevan anillo de casadas.

Cuando tus colegas asumen que eres asistente técnico porque los postdocs suelen ser hombres.

O cuando temes que no te renueven el contrato porque estás en edad de tener hijos.

Y empiezas a pensar que el espejismo de libertad en la que creías que habías crecido no es más que una serie de imposiciones que nunca antes te habías cuestionado desde otro punto de vista.

Lo que no se nombra, no existe.

Si no hubiera sido por el discurso de Emma Watson en la ONU en 2015 creo que nunca me hubiera acercado al feminismo con más curiosidad. Nunca me habría hecho preguntas ni nunca me habría planteado luchar por un trato más justo.

Sigo sintiéndome muy afortunada porque, a pesar de todos los temores y todas esas preguntas con punzadas en el estómago, siempre he tenido el apoyo para ser libre de ser quien quisiera ser. A no tener más límites que los míos propios.

Sin embargo, hay otras mujeres que no disfrutan de esos mismos privilegios. Que no las conozca, no quiere decir que no existan.

Por ello y por un millón de razones más que se me escapan -y de otras tantas realidades que aún no conozco- hoy sigue siendo un día importante.

Hoy seguimos aquí.

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. petiteblasa

    Los “mejores” (aka famosos) de cada sector son siempre los hombres: chefs, peluqueros, fotógrafos… No importa, el hueco para el number one le está siempre reservado. De pequeña tenía interiorizado que todos los hombres tenían un talento especial, pero que en casa no les apetecía usarlo, tipo “Todos cocinan de maravilla, pero no les apetece ponerse”. Ahora me da la risa. Estamos ya hartas de tener que demostrar el triple que un hombre para que se nos permita ocupar los mismos espacios.

    1. Qué importante es lo que has dicho sobre el esfuerzo. Ese tener que demostrar el triple para que se nos considere igual de válidas es desgastante. Empiezo a darme cuenta de que hay tantas cosas que darían para posts en abundancia.

  2. amvelandia

    En mi caso me doy cuenta de lo afortunada que soy y he sido. Sin embargo, la punzada últimamente me llega precisamente por lo que apuntas “A no tener más límites que los míos propios.” últimamente mirando con lupa me doy cuenta de que algún que otro límite no es mío precisamente y me cuesta (y mucho) zafarme de ellos.

    1. Es muy interesante la observación que haces, Ana. Gracias por compartirla. Yo he empezado a plantearme eso mismo no hace mucho, aunque insisto en que soy muy afortunada porque mi entorno siempre me ha empujado a apuntar alto y eso es de agradecer. Ánimo para luchar contra esa punzada 😉

  3. ¡Qué buena reflexión para una niña tan pequeña! En el caso de la cocina, la moda y otras industrias que se han asociado tradicionalmente a la mujer, resulta aún más sangrante que los puestos más notables los ocupen hombres. Aún queda mucho por conseguir, pero lo importante es que cada vez somos más las concienciadas para seguir trabajando y luchando por una igualdad real. Un abrazo desde Köln 🙂

    1. Así es; como si nunca se nos hubiese dejado triunfar ni siquiera en los ámbitos que más “controlaba” la mujer. Pero bueno, para eso estamos replanteándonos muchas cosas y dando voz a otras tantas 😉 Gracias por pasarte y ¡te mando otro abrazo de vuelta desde Mannheim!

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