Roma: gelatto, porchetta y una pluma de cristal

¡Hola, qué tal?

No, no se me ha ido la cabeza con el título del post. Es sólo que acabo de aterrizar como quien dice de unas mini vacaciones en Roma que me tienen con las pilas renovadas.

La ciudad de Roma me encandiló desde un primer momento: sus calles empedradas, sus suelos revelando siglos de historia, sus gelaterias por doquier y sus más de 900 iglesias me dejaron alucinada.

En mi maleta han venido de vuelta algún que otro kilo de más culpa de los helados -madre mía, qué helados, ¡qué cremosidad- y sus panini de porchetta.


Culpo directamente a Mikel López Iturriaga por volverme loca y descubrirme este manjar.

Vale, Carolina, pero este no es un blog de viajes ni de gastronomía, ¿qué me estás contando?

Cierto, al grano. La miga viene porque entre pateada y pateada encontré un par de sitios que hicieron las delicias del lugar: Cartoleria Pantheon dal 1910 y Cartoleria Il Papiro. La primera vez que vi ambos, fue de pasada y no podía pararme, pero captaron mi atención total: un expositor lleno de sellos de lacre, cientos de papiros y atisbos de un interior lleno de productos con materiales de cuero.

De Catoleria Pantheon dal 1919 descubrí más tarde que existen dos establecimientos: uno localizado en a Piazza Navona y otro cerca del Pantheon de Agripa y finalmente me las arreglé para comprar en los dos. La Cartoleria Il Papiro la dejaré como excusa para repetir viaje 😉

No sé si os pasa, pero yo ante mucha “cosa bonita” me atraganto; es como una sobreexcitación para mis neuronas: lo quiero todo, y como todo no puede ser, no puedo elegir y me bloqueo.

Así que pasado el primer momento “DIOCHS, ¡QUÉ ME LLEVO?” logré decidirme por lo que os enseño a continuación.

La reina de la compra fue esta pluma de cristal, sí, cristal. En un primer momento pensé que se trataba de algo decorativo, pero luego vi sets, como el que veis en la foto, que se acompañan de un bote de tinta, lo cual me hizo pensar que efectivamente se podía escribir con ella.

Efectivamente, es una pluma al uso. La chica que me atendió se portó genial y me dejó probarla allí mismo para ver cómo funcionaba y cómo era la sensación al escribir. Y es tan sencillo como sumergir la punta en la tinta y escribir, ¡más fácil imposible!

Y punto a favor: los sets eran totalmente personalizables en cuanto a color de tinta y pluma, y ésta, a su vez, podía ser de dos tamaños. Aunque en el establecimiento puedes encontrar sets ya preparados, yo me decanté por hacer uno a mi gusto: pluma pequeña de mango en azul y tinta color sepia.

Detalle del plumín de cristal

Yo no sé cómo lo veis, pero no me gustan los souvenirs al uso, sino los que me puedo comer a los que puedo sacar partido, y si encima son como este (y este que ya os había enseñado) que alimentan mi monstruo de la papelería, pues combo ganador sin duda.

Espero que os haya gustado y os haya sorprendido tanto como a mí la existencia de estas plumas de cristal. Contadme, ¿vosotros ya las conocíais?

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